Mi Conejito
En la casa de mis abuelos se escuchaba música buena parte del día. Por las mañanas era la radio -radionovelas y baladas de la época- y al medio día comenzaban los programas criollos, con los que tenía asociados a lo Pavlov, todos los olores y sabores del almuerzo. Por la tarde, luego de haber comido frente a la tele, tocaba inventarse juegos y cosas divertidas por hacer y para eso estaban la radiola y los discos de la familia, longplays y 45s de todo un poco.
Cómplice en todo esto era Rebeca. No sé cómo llegamos al disco de Eloísa Angulo, de hecho era parte de la colección de música criolla de mi abuelo, y en ese disco a la polka El Conejito con la cual desarrollamos un juego simplísimo y espectacular. La diversión estaba en poner la canción una y otra vez -haciendo un loop manual- y bailar, bailar, bailar, bailar.
Ella me enseñó primero a ponerle la mano en la cintura, ella ponía la suya en la mía, los cuerpos juntos, y las otras manos había que entrelazarlas con los brazos bien estirados apuntando hacia delante. Se comenzaba por hacer un punta y taco y arrancábamos a bailar, yendo y viniendo de un lado al otro del hall, que era la habitación más larga de la casa.
Cuando se terminaba la canción yo corría a la radiola para poner otra vez la aguja sobre el surco de la número cuatro del lado A, y de vuelta a formar pareja. El baile era cada vez más rápido y cada vez más nos faltaba la respiración y nos moríamos de risa.
Toda la casa daba vueltas, las flores sobre la chimenea, las fotografías en la pared, los adornitos de las repisas y vitrinas, se agrandaban y achicaban mientras nosotras como dos péndulos humanos nos dejábamos llevar por la fuerza de esa música y ya no había diferencia entre nuestros pies y brazos, las guitarras o el saxo, y Eloísa cantando… “Me voy a civilizar, me voy formalizar… ¡nunca¡”
Ahora sé que el juego de esas dos pequeñas mujeres -Rebeca a sus setentaitantos años y yo con menos de cinco- girando a toda máquina en un hall de Jesús María, es mi primer recuerdo consciente de una experiencia total con la música.
• Este texto es una nota de trabajo del proyecto Mi Conejito.